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En sa mémoire

«La Tania»

Fallecimiento en 2002 17 ans Xochimilco, Ciudad de México Elle

«La Tania» tenía 17 años. Ella y otra amiga, vestidas de mujer, tuvieron un altercado con unos albañiles ebrios, que la mataron a puñaladas; La Prensa publicó el caso el 5 de mayo de 2002.

En sa mémoire

«La Tania» tenía 17 años. Ella y otra amiga, vestidas de mujer, tuvieron un altercado con unos albañiles ebrios, que la mataron a puñaladas; La Prensa publicó el caso el 5 de mayo de 2002. La nota se tituló «Ebrios alarifes ultiman a homosexual».

Letra S citó este caso en «Crímenes de odio por homofobia: un concepto en construcción» (2012), su análisis de cómo la nota roja de la Ciudad de México, sobre todo el diario La Prensa, informó sobre los asesinatos de personas LGBT entre 1995 y 2008 (pág. 34–35).

Parrini Roses, R. y Brito Lemus, A. (coord.). (2012). Crímenes de odio por homofobia: un concepto en construcción. Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana / INDESOL / CDHDF.

Lo que sabemos de los hechos

Antes de leer: este relato describe hechos de violencia. Puedes leerlo cuando te sientas en condiciones de hacerlo.

Registro del informe de Letra S «Informe de crímenes de odio por homofobia. México 1995-2008» (caso 220): Vestido de mujer M 23 Calle Arma blanca 5 de mayo de 2002 Reforma, El Sol de Mediodía, El Metro, La Prensa México DF Xochimilco. La fecha es la de la nota periodística que reportó el caso.

Sources

Articles de presse, registres et publications d' autres sites con las que documentamos este caso. Se abren en otra pestaña y su contenido es responsabilidad de cada sitio.

Ya no está disponible

México, 2012

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Bon

  • Documento académico
  • Blâme la victime
  • Nom ou genre erronés
  • Langage inclusif

Es un documento académico: las expresiones que cita, denuncia o atribuye a otras personas no cuentan en la calificación. Aun así, el texto no respeta el nombre o el género de las personas y culpa o estigmatiza a las víctimas. Encontramos 26 expresiones que el estudio cita o denuncia.

Documento de referencia

Texto de 2013 (fecha de publicación)

Analizada con el motor v1.6.1

Por qué te avisamos

  1. Culpa a la víctima · 10 veces …habría sido responsabilidad de dos sujetos de tipo militar, tendría el carácter de un crimen pasional. ¿Dónde está la pasión en este caso?, ¿en la saña con que se cometió, en la…
  2. Culpa a la víctima · 9 veces …los análisis que presentamos a continuación es, importante presentarlas desde ya. Crímenes pasionales: si bien la pasión es una emoción que subyace a un tipo de vínculos amorosos,…
  3. Culpa a la víctima · 13 veces …opera del siguiente modo: si la víctima es homosexual, entonces su crimen es pasional. Aún muertos, las pasiones no abandonas a esos. Son sus últimos resplandores, los que…

Y 11 expresiones más.

Leer la copia guardada

México, 2012

INVESTIGADOR PRINCIPAL

Rodrigo Parrini Roses

COORDINADOR

Alejandro Brito Lemus

ASISTENTES DE INVESTIGACIÓN

Omar Cabrera Valdez

Alejandro Gabriel Flores Medel

Paola M. Rosas Ham

ASISTENTE DE LA COORDINACIÓN

Julio Serrano Luna

REALIZACIÓN

Instituto Nacional de Desarrollo Social Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana A.C. PRODUCCIÓN EDITORIAL

Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C.

EDICIÓN

Rocío Sánchez

DISEÑO

Carlos Fernández Moreno

Este material se realizó con recursos del Programa de Coinversión Social perteneciente a la Secretaría de Desarrollo Social. Empero, la SEDESOL no necesariamente comparte los puntos de vista expresados por los autores del presente trabajo. Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco

35INTRODUCCIÓN CAPÍTULO I. CRIMEN DE ODIO: CONSTRUYENDO EL CONCEPTO

· Hacia una comprensión situada de los crímenes de odio por homofobia en México

· Localizar el concepto: niveles de análisis, tipos de crímenes e identidades CAPÍTULO II. ARCHIVO Y DISCURSO: NOTAS PERIODÍSTICAS SOBRE CRÍMENES DE ODIO POR HOMOFOBIA EN LA CIUDAD DE MÉXICO (1995-2010)

· Prensa y homosexualidad en México

· Pasión, seducción y rareza: los asesinatos de hombres gays en las notas de La Prensa

- P

- Rareza

- Seducción

· Pasiones y violencias · Vestidos como mujeres: los asesinatos de trans en la nota roja · Triángulos amorosos: los asesinatos de mujeres lesbianas ÍNDICE

CAPÍTULO III. EL ODIO, LA VERGÜENZA, EL ROBO. DISCURSOS SOCIALES EN TORNO A LOS CRÍMENES DE ODIO POR HOMOFOBIA

· ¿Qué tipo de crímenes son? Las divergencias interpretativas

· Entre la pasión y el odio

· Odiar, robar, asesinar

· Relaciones peligrosas: sexualidad y violencia BIBLIOGRAFÍA

En 2012, Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana, A.C. presentó al fondo de coinversión social del Instituto Nacional de Desarrollo Social (INDESOL) y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) el proyecto “Construyendo el concepto de crímenes de odio por homofobia para fortalecer el cabildeo y la defensa de los derechos humanos LGBT”, coordinado por Alejandro Brito y Rodrigo Parrini. Esta investigación tiene como objetivo central contribuir a la identificación, descripción y caracterización de los homicidios de odio motivados por la homofobia a través del análisis cualitativo de casos registrados en el Distrito Federal para crear un insumo documental que apoye las acciones de cabildeo e incidencia política de las organizaciones civiles Lésbico, gay, bisexual y transgénero (LGBT) defensoras de los derechos humanos.

El proy análisis de la bibliografía y elaboración de un marco teórico pertinente con miras a comprender y delimitar los crímenes de odio. Con este propósito, se seleccionaron más de diez textos de la literatura nacional e internacional disponible sobre el tema. b) Revisión y análisis de las notas de prensa que informan sobre crímenes contra personas con orientaciones sexuales o identidades de género no hegemónicas. En esta actividad hemos realizado un análisis del discurso para responder a las siguientes preguntas: ¿cómo representan las notas periodísticas estos crímenes?, ¿se ha producido una modificación en esta representaciones desde el año 1995 a la fecha?, ¿cómo se describe a la víctima y, si fuera el caso, al victimario?, ¿cuáles son las explicaciones que se elaboran sobre los crímenes?, ¿de qué forma se vinculan estas representaciones con la construcción de las diferencias sociales centrales en la conformación de los discursos sociales en torno a las orientaciones sexuales y las identidades de género no hegemónicas (abyección, INTRODUCCIÓN inteligibilidad, rompimiento del pacto social)?, ¿de qué manera se elabora el odio en estas notas y qué otras emociones se encuentran relacionadas con las representaciones de los crímenes?, ¿qué lugar tiene en ellas un discurso de los derechos humanos, que permita constituir a los individuos como sujetos de derechos? c) Realización de entrevistas semi-estructuradas a un conjunto de informantes clave en las áreas del activismo LGBT, de la investigación académica, del campo jurídico como abogados y funcionarios de las instituciones de justicia, del periodismo especializado en la nota roja y del activismo feminista. Se les pidió a las personas entrevistadas su visión de los crímenes de odio, la forma de conceptualizarlo, su importancia política y social, su vínculo con los derechos humanos, las acciones realizadas en torno a ellos y las que estiman necesario realizar. d) La revisión y el análisis de quince expedientes judiciales de homicidios contra personas LGBT que cumplieran con algunas de las características de un crimen de odio. Este documento contiene los análisis realizados a partir de la revisión de las tres primeras actividades enumeradas. Decidimos no incluir la cuarta actividad señalada debido a la imposibilidad de acceder a los expedientes judiciales de los casos seleccionados. Los resultados del análisis realizado a partir de los pocos expedientes judiciales obtenidos los consideramos preliminares, es decir, que tendrán que comprobarse y completarse con los análisis posteriores de un mayor número de expedientes. Por esa razón, aquí no lo incluimos.

P de las personas que amablemente aceptaron ser entrevistadas y nos expresaron sin reservas sus ideas y experiencias: los abogados Rodolfo Millán Dena y Miguel Soria; los investigadores Patricia Ravelo Blancas y Héctor Domínguez Ruvalcaba; los periodistas Fernando Del Collado y Noel Alvarado; los activistas John Villafuerte y Segio Humbolt; los funcionarios judiciales Enrique Reyes, fiscal central de homicidios, y Javier Gómez Bastida, responsable del MP 1, Izatapalapa. Así mismo, agradecemos a Paola Rosas Ham, estudiante de servicio social de Sociología; Alejandro Gabriel Flores Medel, sociólogo; Omar Cabrera Valdez, pasante en Psicología; Julio Serrano Luna; Rebeca Martínez Mondragón, contadora, y Rosalva Xicontécatl, administradora, por su apoyo entusiasta en las diversas etapas de este proyecto.

Se consideran como crímenes de odio aquellos que son motivados por el odio que el perpetrador siente hacia una o más características de una víctima, que la identifican como perteneciente a un grupo social específico (ODIHR/ OSCE, 2005; Jacobs y Potter, 1998; Petrosino, 2004). El rango de conductas criminales que podrían estar motivadas por el odio contempla desde las amenazas verbales hasta el asesinato, pasando por los golpes y la violencia sexual. Entre los grupos a los que podrían pertenecer las víctimas se incluyen las minorías étnicas o nacionales, las mujeres y las minorías sexuales, entre otros. Además del daño que causan a las víctimas, estos crímenes comunican un mensaje amenazante al resto de los integrantes de esos grupos, comunidades o minorías. En este sentido, la literatura internacional destaca que los crímenes de odio son formas violentas de relación con las diferencias sociales y culturales. Si bien los perpetradores son individuos o grupos, los crímenes de odio se sostienen, ante todo, en una densa trama cultural de discriminación, rechazo y desprecio (Perry, 2001).

En un informe especialmente preparado para los Estados europeos, la Office for Democratic Institutions and Human Rights (ODIHR) señala que la terminología de los crímenes de odio permite ampliar la atención puesta en el racismo, que fue una de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial en Europa, hacia la violencia que experimentan otros grupos y colectivos que son considerados “diferentes” (ODHIR, 2001). En esta medida, un crimen de odio, en sus diversas manifestaciones, resulta del encuentro entre distintas identidades, autodefinidas o atribuidas, y de formas violentas de simbolizar la diferencia. Como lo señala la literatura que aborda el papel de la diferencia en la construcción de relaciones sociales de subordinación y marginación, ella sirve para trazar un mapa social que distinga a ciertos grupos, comunidades y colectivos de otros y hacer de sus límites fronteras decisivas para su cons- CAPÍTULO I CRIMEN DE ODIO: CONSTRUYENDO EL CONCEPTO titución y solidez identitaria (Brah, 2006; Hall, 1997). La diferencia se ancla, muchas veces, en ciertos rasgos corporales, en formas de comportamiento o en modos de vestir que permiten identificar la alteridad de un sujeto o un grupo con respecto a otro, condensar el desprecio del que puede ser objeto y motivar los comportamientos violentos (De Lauretis, 1996). De este modo, el mensaje que comunican los crímenes de odio se dirige tanto al grupo al que pertenece la víctima como al del victimario. Por una parte, desalienta las formas híbridas y multiculturales que tienden a predominar en las sociedades democráticas; por otra, refrenda el cierre de las fronteras sociales y emocionales que sería constitutivo de ciertas identidades que son leídas ideológicamente como superiores, mejores o de mayor jerarquía.

El concepto de crímenes de odio surge a partir de un doble movimiento. Por una parte, se instala en el debate público cuando se comienza a tener conciencia de las múltiples formas de violencia y sus especificidades, que afectan a determinados grupos sociales. Por otra, es impulsado por los movimientos políticos y sociales de colectivos minoritarios o subordinados que buscan defender y promover sus derechos y relaciones nuevas con las instituciones, especialmente el Estado. El concepto fue construido, primero, durante los años ochenta en los Estados Unidos, en un contexto político particular en el que gran parte de las demandas sociales se articulan en torno a identidades, sean étnicas, de género, sexuales o religiosas (Jacobs y Potter, 1998). En ese país el crimen de odio se transforma en una forma específica de delito, y es tratado y juzgado según parámetros que no comparte con otros crímenes. El Federal Bureau of Investigation (FBI) recopila y publica estadísticas precisas sobre este tipo de crimen y sus características, lo que muestra el nivel de vigilancia social que han concitado y el interés del propio Estado por diferenciar y resolver este tipo de violencia.

Sin embargo, en América Latina comienza a ser considerado y utilizado por algunos grupos de activistas sólo en los años noventa y con mucho mayor intensidad desde el 2000 a la fecha (Mott, 2001 y 1996; Mott et al., 2002). Dada la importancia política de los Estados Unidos, la noción de crimen de odio tiene repercusiones internacionales y globales que ningún otro concepto que distinga la violencia sucedida en contra de las minorías sexuales o los colectivos LGBT había tenido. En este sentido, el movimiento en América Latina, iniciado por organizaciones brasileñas y en México sustentado primero en la Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH), ha permitido instalar un concepto jurídico extraño a las tradiciones legales locales, pero que visibiliza la violencia que experimentan esas minorías o colectivos. Ha sido, sobre todo, una herramienta política antes que jurídica. Esto ha tenido la virtud, que ya indicamos, de hacer visible la violencia, pero a su vez, dadas las diferencias entre el contexto donde se crea un término legal y en el que se intenta utilizar, genera una serie de confusiones conceptuales, pero también políticas. En el caso de México, la visibilización de este tipo de violencia ha sido una tarea de los movimientos y organizaciones sociales LGBT, en el marco de una política que tiene como eje conceptual y ético la igualdad y como campo de lucha los derechos y la ciudadanía (Díez, 2010; de la Dehesa, 2010; Parrini, 2011). Una parte importante de los esfuerzos de este movimiento ha consistido en mostrar las distintas formas de discriminación que afectan a los colectivos e individuos LGBT e intentar crear las leyes e instituciones que las enfrenten y modifiquen. Este ha sido un proceso complejo que no cabe reconstruir aquí, pero que explica el posicionamiento de los crímenes de odio en la agenda pública nacional y local. La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) ha sido la única que ha elaborado un informe sobre la situación de los derechos humanos de este colectivo. La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) creó una agencia especial para atender los delitos cometidos contra las personas LGBT y un protocolo para su investigación. Para los fines de nuestro estudio, el logro más importante fue la inclusión del odio como una razón para calificar un homicidio en el Código Penal del Distrito Federal. En el artículo 138, fracción VIII, de este texto legal, se consigna que existe odio:

“(…) cuando el agente lo comete por la condición social o económica; vinculación, pertenencia o relación con un grupo social definido; origen étnico o social; la nacionalidad o lugar de origen; el color o cualquier otra característica genética; sexo; lengua; género; religión; edad; opiniones; discapacidad; condiciones de salud; apariencia física; orientación sexual; identidad de género; estado civil; ocupación o actividad de la víctima”. (Asamblea Legislativa del Distrito Federal, 2002: 32)

Hacia una comprensión situada de los crímenes de odio por homofobia en México

En esta investigación nos interesamos por los crímenes de odio que afectan a los individuos que pertenecen a los colectivos LGBT en el Distrito Federal. Calificar esta pertenencia excede los objetivos de este texto, pero debemos indicar que la investigación social sobre homosexualidad, homoerotismo, lesbianismo y las distintas formas de transgenerismo, muestra una gran variedad de pertenencias, identidades, prácticas, vínculos sexuales y afectivos, redes sexuales y amistosas, formas de exclusión social y de convivencia, lenguajes y espacios de socialización, entre otras muchas características, que impiden formular una visión taxativa sobre estos sujetos y colectivos. Pero, a su vez, estos estudios constatan con claridad que la heterosexualidad es la forma normativa, legítima y valorada de sexualidad y de deseo en el país, que no sólo incumbe a las identidades individuales, sino que compromete la participación de los sujetos en una amplia trama institucional, que incluye el matrimonio y el parentesco. Como mencionamos antes, el odio es una emoción social que se asienta en las fronteras entre diferencias de distinto tipo. Uno de los límites más intensos se establece en torno a las formas legítimas de sexualidad, pero también alrededor de los binarismos de género. La sexualidad y el género serán dos campos imprescindibles para comprender los crímenes de odio por homofobia en el país, actuando juntos o por separado. En este sentido, consideramos que una clave para la comprensión situada de estos crímenes será la construcción social de la masculinidad. La relación entre violencia y masculinidad está asentada en la literatura internacional (OPS, 2002). Pero lo que no sabemos con exactitud es de qué manera se vincula con los crímenes de odio por homofobia. Se ha leído la homofobia como una reacción ante las amenazas que la homosexualidad y el transgenerismo supondrían para la estabilidad del orden de género y la coherencia de las identidades y los roles sexuales (Cruz, 2002; Muñoz, 2010). La homofobia sería, si bien no exclusiva, fundamentalmente un rechazo masculino hacia la homosexualidad. Pero la relación sistemática que documenta la evidencia internacional entre violencia y masculinidad rebasa el rechazo hacia la homosexualidad y se expresa, entre otras cosas, en violencia contra las mujeres y contra otros hombres, independientemente de la orientación sexual que tengan (Costa, 2012; Toledo, 2009).

Los registros que se han realizado en el Brasil (Carrara y Viana, 2004 y 2006; Mott, 2001 y 1996; Mott et al., 2002) sobre asesinatos por homofobia y los que se han hecho en México (Amnistía Internacional, 1994; CNDH, 2010; Letra S, 2009) y en Centroamérica (Arco Iris y CIPRODEH, 2009; CEJIL y CIPAC, 2010; CEPRESI, 2009; HRW, 2009), muestran una constante a pesar de la incertidumbre de los datos recolectados: las víctimas son hombres y los victimarios también. Muchas veces de distintas edades y clases sociales, de grupos étnicos distintos. Cuando se trata de personas trans, el proceso de transformación identitaria y corporal empieza en un cuerpo masculino para producir uno femenino. Esta persistencia de la masculinidad, sea como evidencia o como rastro, es una de las pistas más importantes que se deben explorar para entender esta violencia. La masculinidad ha sido conceptualizada, fundamentalmente, como una forma de poder y como una posición de dominación de los hombres sobre las mujeres y sobre otros hombres, inferiorizados por múltiples determinantes. En un análisis de las noticias que se publican en la prensa carioca sobre este tipo de asesinatos (Lacerda, 2006), una de las constantes que se encuentran en las narraciones son ciertas formas de feminización de la víctima, mediante el uso de un lenguaje despectivo y burlesco. Si en términos empíricos el asesinado es un hombre, en términos simbólicos parece que lo es una “mujer”. Así como en ciertos casos recopilados para el caso mexicano, en el brasileño la masculinidad sirve como excusa para la violencia, en tanto algunos victimarios acusan a la víctima de intentar mancillar su masculinidad mediante insinuaciones, aproximaciones o tocamientos. El honor masculino, ofendido por el deseo homosexual, sirve como coartada para la violencia. No sólo algunos victimarios utilizan esta estrategia explicativa, sino que la prensa hace eco de ella reproduciéndola y justificándola.

En cambio, cuando la víctima es una personas trans, sus modificaciones corporales, sus vestimentas y maquillajes, todo es utilizado como una prueba de una desviación más profunda y estremecedora que su muerte. La masculinidad que algunos victimarios dicen defender y proteger y que los obliga a reaccionar con violencia, y que sería un límite infranqueable, surge en estos casos como una ruptura radical con la normalidad y la civilidad corporal e identitaria. Las personas trans son ubicadas, con mayor intensidad, en el lugar de desechos sociales y morales, que las haría merecedoras de la violencia y la muerte. En el caso mexicano, el lugar mismo donde suceden los homicidios contra este tipo de personas y donde son arrojados o dejados sus cadáveres refrenda este carácter desechable: son asesinados en las calles y ahí quedan sus cuerpos. Esta línea argumental la profundizamos en los análisis que realizamos en este estudio, dado que existen pistas sólidas para seguirla. Pero no obstante otras determinaciones sociales pueden estar en juego en estos casos y no sólo el género o la identidad sexual. En el caso brasileño se ha visto que las adscripciones raciales son relevantes. Si bien los datos son opacos para el caso mexicano, algunos nos permiten suponer que hay relaciones entre clases sociales y entre generaciones que son relevantes para entender esta violencia. De este modo, podremos entender que un crimen de odio es, ante todo, un crimen social, que se sostiene en tramas sociales y culturales de rechazo, violencia y discriminación. El victimario actúa un odio que no sólo es individual y psicológico y que se acotaría a la relación que mantuvo con la víctima, sino uno de carácter colectivo y social.

Localizar el concepto: niveles de análisis, tipos de crímenes e identidades

En general, para el estudio de la violencia se recomienda distinguir niveles explicativos y empíricos. Al menos se diferencian cuatro niveles: el individual, el comunitario, el social y el institucional. Si bien en cualquier caso estos niveles se articularían de maneras múltiples, cada uno requiere de atención y comprensión específicas. En esta investigación nos centramos de manera directa en los últimos dos, dado que estudiamos los discursos sociales sobre los crímenes de odio por homofobia; y de forma indirecta en los dos primeros, dado que deseamos comprender las dinámicas sociales que permiten que un individuo asesine a otro motivado, en parte o completamente, por un odio hacia su orientación sexual o su identidad de género y las repercusiones que dicho crimen tiene en las comunidades y los colectivos LGBT. Consideramos que los niveles mencionados se particularizan en los crímenes de odio por homofobia de la siguiente manera:

• El contexto cultural de rechazo y discriminación hacia los sujetos LGBT. Este contexto se puede estudiar mediante las opiniones y percepciones de la opinión pública nacional o local.

• Las instituciones de justicia y de seguridad pública que permiten y fomentan, de manera directa o indirecta, la impunidad de los crímenes y la violencia contra los sujetos LGBT y que producen una doble victimización en caso de denuncia.

• Las redes sociales y comunitarias débiles o fragmentadas que no ofrecen protección y cuidado a los sujetos LGBT.

• Los sujetos que viven en contextos de vulnerabilidad psicosocial y que enfrentan peligros añadidos e innecesarios para desarrollar su sexualidad, su deseo, su identidad y su sociabilidad. O que por razones laborales enfrentan riesgos añadidos.

P estos casos permiten distinguir al menos tres tipos de crímenes contra personas LGBT. Dado que estas distinciones atraviesan los análisis que presentamos a continuación es, importante presentarlas desde ya. Crímenes pasionales: si bien la pasión es una emoción que subyace a un tipo de vínculos amorosos, eróticos y sexuales, ha sido considerada una atenuante en algunos crímenes, por cierta tradición jurídica. La pasión no explica el crimen, pero lo contextualiza en una relación anterior a los hechos y en determinado tipo de vínculo. La pasión, así, supone vínculos amorosos, que serían el contexto, pero también la explicación última del crimen. La pasión puede actuar en ciertos casos donde efectivamente hay relaciones amorosas o de tipo sexual de cierta duración. Si alguien asesina por pasión o por motivos amorosos: celos, temor, apego, etc., sus razones serían opuestas a las del odio. La pasión correspondería a una emoción que sostiene y explica el vínculo victimario-víctima. Por el contrario, el odio disuelve el vínculo, lo destruye violentamente y, ante todo, lo niega. En ese sentido, se podría argumentar que los crímenes pasionales son crímenes que suceden en relaciones de identidad e identificación. En cambio, los de odio sucederían en relaciones de diferencia y desidentificación. Hay algunos crímenes, entre los analizados, que suceden en relaciones de pareja o amorosas. Si bien no se puede descartar el odio, porque las emociones sociales y subjetivas no se experimentan ni se expresan de forma pura o estrictamente diferenciada, se puede establecer, al menos, el predominio de unas sobre otras. Esto, no obstante la ambivalencia constitutiva de los campos emocionales, ya sean psíquicos o sociales. Crímenes de odio: si aplicamos las definiciones y estándares de la literatura internacional, en la casuística que hemos analizado, son los menos. Como vimos, han sido definidos como crímenes motivados por el odio del agresor hacia cierto rasgo o característica de la víctima: el color, el género, la identidad sexual, entre otros. El odio es necesariamente la expresión de un complejo psíquico-social en el que las motivaciones y los comportamientos individuales (agresión, desprecio, violencia, muerte) están inscritos en un orden social y simbólico que los permite y, en alguna medida, los justifica. No obstante, el hecho de que la opinión pública mexicana muestre pautas de desprecio no explica, de manera directa, que ciertos individuos cometan este tipo de crímenes. Por eso hay una dimensión psíquica ineludible en estos aspectos. El desafío más importante es distinguir el odio que se presenta en los crímenes sucedidos en México. Si bien no existe una intención ideológica explícita por parte de los victimarios, como se la pueden encontrar en los homicidios sucedidos en los Estados Unidos, por ejemplo, hay elementos que permitirían sostener que el crimen muestra una violencia añadida que no puede ser explicada por otros motivos que no sean el odio o el prejuicio. En este sentido, la saña con la que son cometidos, y que leeremos como un excedente de violencia que requiere de una explicación racional, constituye una pista central para reconocer el odio en estos asesinatos. Dado que también hay un componente pragmático en esos crímenes (robo de especies y dinero, por ejemplo), debemos considerar que el odio no impide el adecuado funcionamiento cognitivo e incluso lo comanda. En la pasión, en cambio, la emoción altera la cognición, al menos según la lectura jurídica clásica. El odio es una forma en la que la razón actúa. Este componente racional y pragmático, junto con un desprecio y rechazo intenso (en un contexto donde opera el deseo sexual de algún modo), serían característicos del crimen de odio a nuestro entender.

Crímenes en contexto de discriminación y vulnerabilidad: corresponden a crímenes en los que el odio no es el principal motivo y más bien se deben a la vulnerabilidad de la víctima dada su identidad sexual, su deseo, su apariencia y los usos de su cuerpo y/o sus prácticas sexuales. La vulnerabilidad es un fenómeno contextual en el que se entrecruzan coordenadas sociales de violencia, desprecio, discriminación, estigma y marginalidad con otras individuales: ocultamiento de la identidad sexual, vinculación erótica con sujetos desconocidos, uso de trabajo sexual, consumo de alcohol o drogas, entre otras. Si aquí hay trazos de odio, es ante todo un odio social, organizado institucionalmente e inscrito simbólicamente en el lenguaje del desprecio, los insultos, las burlas, los chistes. Los homosexuales, las personas transgénero y las lesbianas, especialmente cuando asumen algunos rasgos o comportamientos que son considerados impropios en cierto orden de sexo-género, son objeto de desprecio y estigmatización sistemática y forman parte del campo de las emociones sociales negativas hacia las identidades y las prácticas no heterosexuales. Por último, habrá que considerar un rasgo fundamental en este tipo de violencia: se diferencia según las identidades u orientaciones sexuales y de género de las víctimas. De este modo, si bien el concepto de crimen de odio por homofobia intenta dar cuenta de la violencia que afecta a hombres homosexuales, a personas transgénero y a mujeres lesbianas, debemos considerar que estos grupos y sujetos sufren formas diferentes de violencia que debe pensarse de modo específico, aunque se mantenga un horizonte general en la reflexión. Incluso si conviniéramos que la mayor parte de los asesinatos registrados por la Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia corresponden a crímenes de odio, las diferencias que veremos en los análisis que presentamos a continuación exigen que identifiquemos el tipo de odio y su objeto: ¿es el mismo odio el que se dirige contra un hombre homosexual masculino o una persona transgénero que ha realizado modificaciones radicales en su cuerpo?, en el caso de las mujeres ¿se podría distinguir un odio dirigido contra su género de otro centrado en su orientación sexual?, ¿o habría que pensar en una articulación de diferentes odios?, ¿se odia el deseo o la apariencia en las personas trans, sus modificaciones corporales, las formas en las que encarnan una identidad de género o su identidad sexual?

La prensa ha cumplido dos funciones clave en la historia de los crímenes de odio contra la diversidad sexual en México desde 1995 a la fecha. Por una parte, ha sido el archivo de este tipo de violencia, casi el único registro disponible públicamente que permite reconstruir fragmentos de esta historia. Por otra, ha sido uno de los principales recursos de producción y reproducción de una ideología en torno a este tipo de violencia. Como archivo, ha sido un registro escueto, pero sistemático. Como ideología, ha sido un discurso sensible a las transformaciones históricas del estatus de los colectivos LGBT en el país, pero también un reproductor tenaz de los estereotipos y de los prejuicios más acendrados hacia ellos. En el acto de representar el asesinato se construyó un denso, aunque lacónico, discurso sobre lo que socialmente se piensa que es un hombre o una mujer homosexual o una persona trans.

La repetición sistemática de ciertos motivos, de algunas características y de determinadas explicaciones indica la profundidad del prejuicio y la simplicidad de la representación. Pero también es señal de que las vidas de las víctimas y las razones de la violencia que experimentaron se pueden entender de manera llana, mediante el sentido común. Que los homosexuales mueran víctimas de las pasiones o del enojo no merece explicación alguna. Se repite constantemente a lo largo de casi veinte años. Que cualquier intento de seducción de un hombre, supuestamente heterosexual, amerite una reacción violenta, tampoco es motivo de interrogación. Se da por sentado que la masculinidad debe defenderse de las aproximaciones seductoras y desviadas. Que una personas trans muera baleada o acuchillada en la calle tampoco produce cuestionamiento alguno. En la reproducción casi fáctica de los hechos, en ese lenguaje mezcla de empirismo y burla, la prensa ha colaborado en la naturalización de la violencia contra las minoría sexuales en el país. Es como si el sintagma homosexualidad, muerte y escarnio fuera un CAPÍTULO II ARCHIVO Y DISCURSO: NOTAS PERIODÍSTICAS SOBRE CRÍMENES DE ODIO POR HOMOFOBIA EN LA CIUDAD DE MÉXICO (1995-2010)

lugar común, un artefacto ideológico inconmovible, que participa de la larga historia de discursos sociales que repiten el mismo tópico. En este texto nos detendremos a analizar estas configuraciones discursivas. Nos interesa comprender, ante todo, la forma en la que las notas de prensa, publicadas entre los años 1995 y 2010, han explicado la violencia contra las minorías sexuales en el país, específicamente el asesinato. Prensa y homosexualidad en México

Carlos Monsiváis (1997) señala que fue la prensa la que, de alguna manera, inventó la homosexualidad en el país. El famoso escándalo de los 41 fue, ante todo, una construcción de la prensa de la época que le dio amplios espacios, siguió sus pormenores y lo comentó profusamente. La invención de la que habla Monsiváis no es la de una conducta, por supuesto, ni la de un deseo, es la de un tema de opinión pública, que no sabrá sino intensificarse durante el siglo XX. La homosexualidad no desaparece de las páginas de los diarios y las revistas, ya sea como un tema de reflexión médico-psiquiátrica, pero sobre todo como motivo de la nota roja. La relación entre homosexualidad, violencia y aparatos policiales es una constante en más de cien años de historia impresa. Esa relación no es sólo un reflejo de la realidad social, que diera cuenta de una propensión especial de los sujetos homosexuales a la violencia o una secular inclinación por la sordidez y la muerte. Es, ante todo, una construcción ideológica que posiciona a la homosexualidad en los límites de un orden social, ya sea mediante la muerte violenta, el delito o la nota chusca y ridiculizante. La homosexualidad es siempre una conducta o una condición anómala y que contraviene las normas legales y morales. Consideramos que esta apreciación, tan intensa, será el sostén de la naturalización de la violencia en las notas que analizaremos. Si un sujeto o un colectivo contraviene de manera sistemática el orden social, desviando las formas legítimas de sexualidad y afecto, utilizando sus cuerpos de manera insana, actuando con modos grotescos: ¿no es esperable que sufran todo tipo de violencias?, ¿todo eso no augura su destino?, ¿no es explicable, y en muchos sentidos razonable, la violencia que experimentan? De algún modo, esa violencia será respuesta a una violencia previa que los homosexuales, y con mayor intensidad los sujetos trans, ejercen contra la sociedad y la naturaleza.

Si la prensa, junto con otras formas de producción cultural, cooperó en la invención de la homosexualidad como tema de opinión pública, su efecto no sólo fue hacer visibles a determinados sujetos, sus relaciones y sus modos de vida, que habían permanecido soslayados; también creó una forma de pensarlos. Antes, en palabras del mismo Monsiváis, la homosexualidad era impensable (Monsiváis, 1997: 13). Cuando se comienza a pensar la homosexualidad, al menos en la prensa, se lo hace a través de dos mecanismos fundamentales: el escándalo y el escarnio (Irwin, Nasser y MacCaughan, 2003). Esta forma permanecerá a lo largo del siglo XX (Domínguez-Ruvalcaba, 2007; Vargas, 2011) y sólo comenzará a transformarse hacia los fines de este siglo y principios del siguiente, cuando los discursos de los derechos humanos y la ciudadanía se infiltren en algunos periódicos. Los escándalos han sido diversos, desde el mencionado baile de 1901 hasta la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal, por ejemplo. La vida de algunos personajes, ciertos lugares de reunión o ligue, manifestaciones políticas, la epidemia del sida, los primeros derechos, entre muchos otros acontecimientos o procesos sociales, han motivado el escándalo. En cambio, la muerte de individuos homosexuales ha sido, fundamentalmente, motivo de escarnio. Un escarnio que se refracta en dos direcciones: hacia las víctimas, que son culpables de sus propias muertes; pero también hacia las comunidades y colectivos de homosexuales, lesbianas o trans, dado que anuncia lo que les podría suceder. En el caso de las víctimas, su desviación se consuma en su asesinato; en el de las comunidades, potencialmente, podría ocurrirles lo mismo (a sus integrantes). En este sentido, el discurso de la prensa ha sido sistemáticamente normativo, condenatorio, ridiculizante y ha colaborado en la reproducción y justificación social de la violencia. Pasión, seducción y rareza: los asesinatos de hombres gays en las notas de La Prensa

Ningún otro periódico publica de manera más sistemática noticias sobre asesinatos de homosexuales, lesbianas o personas trans que el diario La Prensa. En el periodo que hemos analizado, este periódico, destinado a un público popular, escrito en un lenguaje sencillo y con fotos muy elocuentes, es la fuente principal de información. Sólo hacia fines de los años noventa y durante la siguiente década otros diarios, especialmente los más importantes e influyentes, comienzan a interesarse en el tema, dado que se transforma en un asunto de debate público vinculado con los derechos humanos y la ciudadanía. Pero La

Prensa permanece inconmovible ante estos cambios. No obstante, en la última etapa, desde el año 2000 en adelante, junto con la diversidad de versiones, este periódico renuncia a cierta retórica presente en todas sus notas anteriores a ese año. Comienza a usar un lenguaje con menos supuestos e hipótesis y más discreto en sus juicios, especialmente cuando las víctimas son hombres gays.

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