En su memoria
Todavía no me muero
MarcoAntonio Pérez Gaspar/NotiCASS
Twitter:@caspercolimaGustavo Lupercio nació el 27 de enero de 1957 en Tecomán, Colima. De familia humilde y trabajadora: su padre de oficio peluquero y conductor de autobuses de la empresa Tres Estrellas de Oro y su madre ama de casa dedicada a las tareas del hogar y al cuidado de sus hijos. Debido a su cercanía con el Padre Roberto Urzúa Orozco fue como tuvo su primer contacto con la literatura: naciendo su gran pasión por la lectura universal.
En 1966 ante la falta oportunidades laborales su familia decide marcharse a Guadalajara, Gustavo de la mano de sus progenitores llega a la macropólis llorando a moco tendido extrañando a su ciudad natal, añorando los ricos manjares de sus bebida típicas, los dulces regionales y la gastronomía colimense como: la tuba de palma, las dulces de alfajor, el bate, los tacuachines, las encaladillas del Rancho de Villa, el riquísimo pozole que hacían sus tías Lupe y Licho en las fiestas del Barrio de la Salud, así como los juegos mecánicos de la Feria de Colima. En esta ciudad concluiría sus estudios de primaria hasta sus estudios universitarios en Contaduría en la Universidad de Guadalajara.
En 1976 se escribe en la Alianza Francesa para estudiar francés, dos años después impulsado por la maestra Judith Di Palo participa en IV Concurso de Cuento en Francés organizado por el Instituto Francés de América Latina (IFAL), Air France y las Alianzas Francesas de México donde su cuento “Polvo de Mariposa” (Poussiéreb de Papillon) obteniendo el segundo lugar logrando ser publicado en el periódico de la institución. Dos años después obtiene el Premio Edmundo Valadez con el cuento “Fruta hirviendo” siendo publicado en el Excelsior.
Al año siguiente su interés por conocer más la naturaleza del comportamiento del ser humano decide estudiar Psicología en la Universidad de Guadalajara.
El oficio de escritor lo eligió, cuando Elías Nandino según sus palabras “lo pervirtió en una de sus charlas con jóvenes creadores, sus recuerdos se amontonan, van creciendo día a día, como vivos o muertos en lujosos ataúdes de palabras”. Para Gustavo Lupercio ser escritor es como cualquier oficio que el hombre puede encarar en su vida, como escritor como amante, ciudadano, panteísta o disidente, en cierta ocasión leyó un verso de Gilberto Owen “Que despierte el que me sueña” plasmando en mi memoria la historia del ahogado más hermoso del mundo que encalló de amor en un puerto rocoso, mermado por la carencia de caricias y caléndulas.
La obra literaria de Gustavo Lupercio se debe sus lecturas de Virginia Woolf, Xavier Villaurrutia, Henry James, Norman Mayer, Gabriel García Márquez y Rosario Castellanos entre los más destacados, y su trabajo periodístico es tan prolífico como otros escritores en América Latina recurrió al periodismo para ganarse el pan de cada día.
El cuento era para Gustavo el género literario donde mejor se desenvolvió. El cuento lo resolvía tan rápido como deseaba, ya que lo trabaja de ocho a quince días en su cabeza para cuando decidía plasmarlo en papel, la historia la podía desarrollar en una misma tarde aunque después le hiciera pequeñas correcciones.
Gustavo Lupercio se consideraba un hombre que no sabía explicar el amor, pero que sabe hacerlo, un hombre que siempre escribía por amor, cada día sus palabras le dan respiración de boca a boca a un alma en desastre como es la suya.In memoriam
En Guadalajara la obra de Gustavo Lupercio ha sido reconocida en los diferentes homenajes que le han rindieron después de su lamentable muerte el 26 de agosto de 1988, entre ellos: la edición de su obra póstuma en el volumen Con tinta sangre del corazón bajo el auspicio de la Universidad de Guadalajara.
En 2011 por iniciativa de Enrique Ceballos Ramos se edita una compilación de sus textos publicados en el suplemento cultural Ágora del Diario de Colima con el título Todavía no me muero.
A Lupercio le interesó la totalidad humana, el claroscuro de la naturaleza humana dilucidándose por la literatura. Las paradojas del deseo-sexo y muerte entreverados en un impulso de angustiosa afirmación- conduce a sus personajes, mediante anécdotas y situaciones de casi realismo, a la búsqueda de las respuestas fundamentales, inaccesibles para la especie.
Narrando como poeta, en su prosa sus lectores encontraran la capacidad para disfrutar el lenguaje y sobre todo para compartir ese gozo con el lector. La intensidad de su narrativa así como la facilidad para dibujar el arabesco de la tragicomedia humana mediante los rápidos trazos de su escritura, no son sino las más evidentes consecuencias de un claro talento, vislumbrado en el conjunto de sus narraciones.
Gustavo Lupercio creció con el trópico con calores sofocantes del Colima del ayer, los paseos al mar teniendo como banda sonora las canciones de Sonia López.Nota documental: El título original es Todavía no me muero. El texto es una semblanza en memoria de Gustavo Lupercio, cuyo nombre se explicita en el cuerpo; se conserva íntegro con su autoría, Marco Antonio Pérez Gaspar.
Fuentes
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