Sergio Bernal Bustos
- Edad
- 27 años
- Lugar
- Lugar no precisado en el encabezado
- Fallecimiento
- 16 de febrero de 1990
En su memoria
SERGIO BERNAL BUSTOS
(12 de abril de 1962 – 16 de febrero de 1990)Nació en el Distrito Federal. Desde niño tuvo una enorme inclinación por la mitología griega y la egipcia, culturas a las que estudió con enorme pasión y que despertaron en él su vena artística como espléndido dibujante y pintor. Los temas mitológicos inspiraron gran parte de su trabajo plástico que, desafortunadamente, no tuvo tiempo de dar a conocer -como muchos lo hubiéramos querido- y lo que le hubiera vuelto, sin duda, uno de los grandes artistas contemporáneos.
Su padre, médico cirujano, y su madre disfrutaban mucho de hacer viajes por todo el mundo acompañados de todos sus hijos y solían adquirir piezas de arte, artesanía, ropa, muebles y todo tipo de objetos representativos de la cultura de cada uno de los países que visitaban. Desde pequeño, Sergio viajó por todo el mundo y ello le convirtió en una persona poseedora de una gran cultura. Además, su memoria era prodigiosa y su pasión por la lectura abrumadora; pero junto a todo ello, Sergio era un ser tremendamente humilde, sencillo en su trato y excepcionalmente leal con quienes consideraba sus amigos.
Nos conocimos en la secundaria, en un colegio sumamente conservador como correspondía a su prestigio académico y pudiente población escolar. Ahí, junto con otro gran amigo –Jorge- desafiamos no sólo al arraigado machismo de la gran mayoría de los compañeros, sino sobre todo a las autoridades de la institución que, finalmente, terminaron por no otorgarnos la reinscripción en el segundo año de la preparatoria (lo que nos obligó a cambiar de escuela, pero jamás a la disolución de nuestros ya profundos lazos amistosos).
En aquellos años –mediados de los setenta-, Sergio, Jorge, Álvaro y yo, apenas adolescentes que no rebasábamos los 16 años, nos lanzamos a conocer el naciente ambiente que se configuraba en la Ciudad de México para una comunidad de hombres y mujeres homosexuales que optamos por la visibilidad pública y no por permanecer en el closet. Cotidianamente desafiábamos a la sociedad machista y conservadora, a las autoridades represoras y violentas, al sistema escolar que sacralizaba al estilo de vida heterosexual; pero sobre todo, enfrentábamos los cuestionamientos vacíos y al amor muchas veces condicionado de nuestras familias.
Nuestro grupo de amigos creció y, afortunadamente, siempre nos rodeamos de personas de una enorme calidad humana. Ello, contribuyó positivamente a que nuestras familias se despojaran de prejuicios y aceptaran con gran naturalidad nuestra condición de personas orgullosamente gays.
Sergio y yo fuimos compañeros de banca nuevamente cuando ingresamos a la universidad, y ambos concluimos la carrera con éxito. Durante la segunda mitad de los años ochenta, Sergio conoció al chico que fue el amor de su vida –Humberto W.- lo que le llevó a tomar la decisión de abandonar la casa paterna, para finalmente instalarse en lo que sería su primer departamento. Estaba lleno de planes para el futuro, con una profesión, en su propio espacio y vibrante de amor por quien era su pareja. Adquirió el gusto por la elaboración de cerámica y fabricó hermosas piezas bajo la supervisión y en el taller de Don Manuel León, famoso orfebre mexiquense de Metepec. También, elaboró algunos de los más hermosos lienzos que nunca antes le hubiera visto. Sergio estaba rodeado de brillo, de alegría por la vida y de sus amigos que éramos como una familia. Entonces, su salud comenzó súbitamente a decaer ante la mirada atónita de todos nosotros.
Uno a uno se fueron presentando los síntomas de la temida enfermedad que azotaba a los gays de los EE.UU. y, ahora, de México: el SIDA. Por más que Sergio trató de permanecer en su departamento tratando de pensar que se trataba de algo distinto, llegó el momento en el que su deteriorada condición física hizo que esto ya no fuera posible y entonces su amorosa madre, Doña Eva, lo llevó a vivir con ella. Ahí recibió el temido diagnóstico y la atención médica para todas y cada una de las dolencias que le fueron aquejando, una detrás de otra: graves parasitosis, neumonías recurrentes, histoplasmosis, repetidos episodios de diarrea aguda y un trágico infarto cerebral que le dejó hemipléjico. Recuerdo que en una ocasión Sergio dijo: “el día que ya no pueda pintar, ese día comenzaré a morir”. No pudo volver a pintar más.
En tres o cuatro ocasiones Sergio fue ingresado de emergencia al Hospital de Nutrición, de donde salía medianamente recuperado pero cada vez más mermado físicamente. Como consecuencia del citomegalovirus comenzó a perder la vista, y en poco tiempo no hubo ya nada más que esperar el final; éste llegó en la madrugada del 16 de febrero de 1990, después de dos paros respiratorios. Nunca olvidaré el enorme dolor que sentí cuando recibí la llamada –alrededor de las 6 de la mañana- en la que me dieron la noticia. Mi amado amigo, cómplice y hermano de vida, partía para siempre. Hoy, vive intensamente en mi corazón.
Fuente: Obituario LGBTTTI Mexicano. Publicación de Paco Calderón, 14 de diciembre de 2013.
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Lo que sabemos de los hechos
Según la publicación del Obituario LGBTTTI Mexicano:
El testimonio describe complicaciones asociadas al sida, hospitalizaciones y pérdida de visión; refiere dos paros respiratorios antes de su muerte.
Fuentes
Notas periodísticas y publicaciones con las que documentamos este caso. Se abren en otra pestaña.