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Retrato de Hugo Alberto Bayona Perez

Hugo Alberto Bayona Perez

Lugar
México

En su memoria

HUGO ALBERTO BAYONA PEREZ.
(Nacajuca, Tabasco, 27 de mayo de 1982 (?) - 30 de noviembre de 2015)

Conocí a Hugo alrededor del verano de 2000 en Villahermosa. Por entonces formábamos parte de un puñado de postadolescentes que comenzaban a identificarse como “gays” y a asomar las narices fuera del clóset a través del incipiente servicio de internet. Hasta entonces en Tabasco los hombres no heterosexuales habían sido “shotos” (jotos), “putos” o “maricones”. Parecían ser parias que vivían y morían solos, y no atinaban a formar comunidad más allá de algunos pequeños grupos.

Pero las cosas comenzaban a cambiar gracias al internet: nosotros ya no nos veíamos como “shotos”, sino como “gays”; esa nueva palabra implicaba un nuevo estilo de vida, completamente diferente, que nos vinculaba a nivel local y global con otros que eran como nosotros.

Los cibercafés empezaban a florecer en el centro de Villahermosa y muy pronto, a espaldas del hogar familiar, algunos chicos de entre dieciocho y veintitantos años nos hicimos clientes cotidianos de esos establecimientos. Horas y horas se consumían, entre la salida de la escuela y el regreso a casa, frente a las pantallas de esas computadoras rentadas. Nos encontrábamos a través de Latinchat, en la sala “Tabasco GAY” que creábamos cada mañana y que permanecía activa hasta pasada la media noche.

Al principio el servicio sólo admitía 12 participantes que difícilmente se juntaban; luego con el tiempo la sala comenzó a saturarse porque la frecuentaban más y más usuarios, hasta que con la mejora del servicio, solíamos ser cerca de 50 personas conectadas simultáneamente. No conocíamos nuestros rostros, pero nos identificábamos por los “nicknames” que utilizábamos; recuerdo muy bien a algunos de los primeros y más recurrentes participantes del chat: CK1, Mirabilis, Villahermoso, ChicoPampersPlus, Comalcalco, Vulkano, Keavet, ChiquitoBengee, Brandon, Terkito, RickyMX, Gitanodeluna, PuntoyAparte. Hugo,era “JohnyBravo” (y creo que también “Beckham”).

Después de un rato de charla, con suerte se concretaba una cita, generalmente en las calles del centro, en los alrededores del Parque de los pajaritos. Así era la principios de este siglo (y milenio) a vida de la naciente comunidad gay de Tabasco y en ese contexto fue que Hugo y yo nos encontramos.

Al principio el contacto con él, como con todos los demás fue mediante chat. Coincidíamos en los mismos cibercafés y no tardé en percatarme de su presencia y en identificar el nick que usaba para chatear. Era un chico atractivo, de tez clara, y bastante ejercitado. Para mi sorpresa en alguna ocasión se presentó en mi departamento con un amigo en común, nos presentaron y nos caímos bien. Un poco después, al volverlo a encontrar en el chat, lo invité a platicar por Messenger y terminé por revelarle quien era. Volvimos a salir algunas veces y era frecuente coincidir en los primeros antros de ambiente de Tabasco (Hangar que estuvo activo desde 2000, El cetro que abrió alrededor de 2001, y Mascaras en 2003 o 2004).

Conpartimos todos esos espacios, conocimos a otros chicos, hicimos amigos en común y como dice la tradicional canción de Manuel Pérez Merino, bajo el cielo de Villahermosa “aprendimos a querer”: tuvimos nuestros amoríos con otros muchachos, aunque un poco a escondidas. Para la mayoría de nosotros la existencia estaba dividida en dos partes: las horas familiares, escolares y laborables, y esa otra vida paralela (¡a plena luz del día!), secreta para la familia, en que nuestra pequeña comunidad se contactaba en línea o en las calles de Villahermosa, en un depa prestado, un camino solitario o en el cuarto de algún hotel tolerante (porque no todos dejaban entrar a dos hombres). A pesar de que en esos años tuve cierta cercanía y complicidad con Hugo y con otros chicos, en mi caso la distancia nunca terminó de desaparecer, prefería encontrarme con él y con los demás en ese universo alterno, sin dejar que ambas partes de mi vida se mezclaran.

Según pasaron los años nuestros encuentros fueron más esporádicos, pues el ambiente creció y el rio de la vida también se ensanchó. Terminamos los estudios y Hugo se graduó de la universidad del estado como licenciado en derecho, mientras yo me fui de Villahermosa en 2005. Por su parte Hugo tuvo una participación muy activa en la vida política del estado haciendo carrera en el PRD. Participó activamente del movimiento de AMLO y con la llegada de Arturo Núñez a la gubernatura del estado, se convirtió en Director de atención a los jóvenes en el Instituto de la Juventud de Tabasco. (INJUTAB). Hasta donde sé no era un activista LGBT, pero tampoco parecía ocultar su homosexualidad en los espacios donde se movía. La ultima vez que nos vimos fue en una fiesta durante unas vacaciones que pasé en Villahermosa, y como la primera vez, el encuentro fue imprevisto. Tuvimos una pequeña charla en la que nos pusimos al tanto de nuestras vidas y nos despedimos amistosamente. Me dio su número para mantenernos en contacto y quedamos en vernos de nuevo, aunque ese encuentro ya no se concretó.

El 30 de noviembre de 2015 alrededor de las 4 de la tarde murió Hugo. Al parecer de una enfermedad que comenzó a manifestarse desde la pasada primavera y que le hizo perder peso, pero que no mermó sus ganas de vivir. No conozco los detalles su fallecimiento, pero ese día se hizo correr la versión de que había tenido un accidente de moto en Puebla, aunque esto parece haber sido solamente un rumor. Con su muerte desapareció uno de aquellos con quienes compartí la época más intensa y crucial de mi vida; época en que descubrimos que no éramos “putos”, que había otros como nosotros, que podíamos amar a otros hombres y que no estábamos destinados a vivir ni a morir solos, pues descubrimos o inventamos la comunidad LGBT. Y en efecto, Hugo no murió sólo, sino rodeado de cariño y respeto, tanto de su familia y sus compañeros de trabajo, como de sus amigos “de ambiente”. Su muerte evidentemente me entristece, no obstante sus logros y los mensajes de sus seres queridos en su Facebook me dan la sensación de que su vida aunque breve, fue feliz.

Hubo una época en que en Tabasco los hombres no heterosexuales vivían y morían prácticamente solos, y al parecer no conseguían formar comunidad. Los años han pasado y muchas cosas han cambiado, de suerte que a Hugo, a mí nos tocó vivir de cerca algunos de estos cambios en la forma de vivir fuera de la heterosexualidad. Con estas líneas, tratando de rememorarle, he terminado por evocar también esos años vibrantes, llenos de novedades y descubrimientos. Y ahora, por eso mismo, me he percatado de que ya no vivimos ni morimos solos.

Texto y foto: informante anónimo.

Fuentes

Notas periodísticas y publicaciones con las que documentamos este caso. Se abren en otra pestaña.

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